La tendencia auto-destructiva del turismo, que suele poner el peligro a su propia gallina de los huevos de oro, fue detectada hace tiempo. Años antes del comienzo del boom en muchos de los principales destinos turísticos de este país, ya se había escrito sobre ella.  

El ciclo de vida de los destinos turísticos

El geógrafo canadiense Richard Butler se interesó por varios estudios acerca de las áreas turísticas que llevaban haciéndose desde los años 60. Basado en ellos, publicó en 1980 un influyente trabajo (en inglés) donde advertía de su fragilidad. Observó como la actividad turística en una determinada zona no es estática. Cuando un área geográfica empieza a involucrarse en el turismo, entra en un ciclo dinámico que va evolucionando peligrosamente hacia su propia decadencia. Por eso, tiene que ser gestionada con cuidado para no permitir que se excedan los límites naturales de su capacidad. Según Butler, solo una buena gestión de los destinos turísticos puede evitar que se destruyan a si mismos. 

Su modelo se inspiró en el ciclo de vida de los productos de consumo. Sus ventas dibujan una curva ascendente con tasas de crecimiento en aumento por los efectos del marketing. Pero acaba llegando un momento en el que se estabilizan y empiezan a declinar. Butler dedujo que la comercialización de las área turísticas tiene una evolución similar a la de un producto de consumo. 

Cinco etapas y un desenlace

El Ciclo de Evolución de las Áreas Turísticas de Butler tiene cinco etapas (Exploración, Implicación, Desarrollo, Consolidación y Estancamiento) y un desenlace que, en función de la gestión que se haga del turismo, puede ser de Declive o Rejuvenecimiento. La decadencia a la que las zonas turísticas se dirigen de forma natural se puede evitar rectificando el rumbo. La gestión de destinos turísticos es la forma de encarrilarlos hacia uno de los escenarios de rejuvenecimiento posibles (opciones A, B y C en el modelo de Butler). 

 

 

 Adaptándose al visitante

Uno de los factores principales de cambio en los destinos turísticos es la evolución en la cantidad y el perfil de los visitantes. Su número, sus preferencias y sus necesidades van cambiando con el tiempo. A su vez, la zona va modificándose para adaptarse a ellos. Para explicar como se relacionan con ella se han descrito varios tipos de turista:

  • El turista alocéntrico, nómada o explorador: Busca la novedad y percibe menos el riesgo. Valora la independencia y la libertad. No necesita instalaciones específicas para el turismo y acepta utilizar las destinadas a residentes. Prefiere lugares poco conocidos sin turismo desarrollado. Mantiene un nivel alto de contacto con la gente local. 
  • El psico-céntrico o turista de masa organizado: Valora la seguridad, evita los riesgo y elige destinos turísticos conocidos y seguros. No tiene interés en interactuar con la comunidad local. Reserva viajes organizados a lugares con instalaciones creadas para el turismo. 
  • El medio-céntrico o turista de masa individual: Tiene un comportamiento intermedio entre los dos opuestos anteriores. Incluye a algunos de tendencias psicocéntricas como los turistas de sol y playa abiertos al entorno y a los habitantes del lugar, que realizan por su cuenta actividades de ocio o culturales. También hay otros casi alocéntricos como los aficionado al turismo de aventura. 

Los destinos turísticos atraen primero a unos pocos visitantes alocéntricos. Les siguen un mayor número de medio-céntricos, cuando el área se hace accesible, con mejores servicios y popular. Luego llegan más psico-céntricos que van disminuyendo en número cuando el zona va envejeciendo, se queda anticuada y pierde competitividad frente a áreas mas nuevas. 

Tipo de turista según el desarrollo de los destinos turísticos

Tipo de turista según el desarrollo del destino turístico

Atracciones artificiales, más marketing y menos control local

Con el tiempo las instalaciones físicas para el alojamiento, el ocio o el comercio se transforman pensando en el turismo. Las atracciones naturales o culturales originales que hicieron popular el lugar pueden llegar a desaparecer a cambio de atracciones turísticas artificiales. 

A lo largo del ciclo también suceden siempre una serie de fenómenos a tener en cuenta. Por un lado, los negocios locales pierden protagonismo en el desarrollo económico a favor de grandes franquicias y cadenas nacionales e internacionales. Por otro, esos atractivos culturales o naturales que pusieron el lugar de moda pierden peso mientas que aumenta el papel de la promoción y el marketing, para crear y mantener el mercado turístico.

Capacidad de carga turística

En la etapa de estancamiento se alcanzan o exceden los límites físicos de capacidad para algunas variables. Esto provoca problemas medioambientales, sociales o económicos. Atracciones turísticas saturadas y transportes públicos, calles o barrios congestionados, son signos de que se ha alcanzado la capacidad de carga turística. 
 
En todo este proceso la percepción que los residentes habituales tienen del turismo suele empeorar. Existe un índice de irritación turística que mide en cuatro niveles el grado de aceptación u oposición del turismo. En el último nivel, las manifestaciones de rechazo de la población local son un signo de que se ha alcanzado la capacidad de carga socio-cultural de ese destino turístico. 
 

Declive o rejuvenecimiento

En algún momento el área tendrá que enfrentarse a un mercado a la baja. Si no es capaz de competir con las nuevas atracciones de otros destinos rivales, entrará en la fase de declive.  Esto puede tener dos desenlaces. El primero es que se vaya abandonando el turismo. Las instalaciones turísticas serán reemplazadas por estructuras no relacionadas con él. Los hoteles pasarán a apartamentos convencionales o a residencias de ancianos. El segundo desenlace es que el lugar se convierta en un gueto turístico. Entonces aumentará la participación local en el turismo al poder los residentes comprar instalaciones a precios bajos en un mercado en declive.
 
Dos de los cinco posibles desenlaces que se muestran en el gráfico de la curva de Butler son de declive. Cada uno de ellos lo es por una causa distinta. En el escenario D el declive está causado por la sobreutilización continuada de recursos. Instalaciones obsoletas sin remplazar provocan la pérdida de competitividad del área frente a otras. El escenario E representa un declive brusco producido por la intervención de una guerra, desastre, o un evento catastrófico.
 
Con una combinación de esfuerzos privados y públicos los destinos maduros que entran en fase de estancamiento pueden rejuvenecer. Esto requiere un cambio en la atracciones en las que estuvo basado antes. La re-invención exitosa está representada en el escenario A. Esta se puede conseguir construyendo una atracción artificial que no existía antes. O también, Sacando partido a recursos naturales o culturales sin usar o infra-utilizados. Las nuevas formas de ocio que van apareciendo permiten descubrir recursos que habían pasado desapercibidos. El escenario B contempla recuperar una tasa menor de crecimiento continuado gracias a hacer modificaciones menores y ajustes en los niveles de capacidad. En el C ese resultado se consigue gracias a hacer reajustes después de una disminución inicial de las visitas. 
 

Ciclo de vida y desarrollo sostenible

Es interesante conocer estas investigaciones clásicas ya que muchas de sus conclusiones siguen teniendo sentido años después. 

En la actualidad, da la sensación de que en la planificación turística de un destino todavía se suele asumir que éste permanecerá eternamente como un área turística. Se da por sentado que siempre habrá nuevos turistas que vendrán. Tanto el sector público como el privado suelen olvidar tener en cuenta el ciclo de vida del área o la atracción turística. Sin embargo, a pesar del aparente potencial ilimitado de crecimiento del turismo, hay muchos ejemplos de áreas turísticas en declive. 

En su trabajo Butler propone un cambio de actitud en los responsables turísticos. Las atracciones no deben de considerarse infinitas y atemporales. Deberían más bien tratarse como recursos finitos y posiblemente no renovables. Podrían ser protegidas y preservadas con más cuidado. Lo que propone es que el desarrollo del área turística se mantenga dentro de unos límites predeterminados de capacidad. Menos turistas en el corto plazo que se compensen con más en el largo. Se trata en definitiva de una llamada a incorporar el desarrollo sostenible y el turismo responsable en la gestión de destinos turísticos.