Cooperativismo de Plataforma: ¿Y si Airbnb fuese una red de cooperativas locales de anfitriones?

Cooperativismo de Plataforma y valor generado
El Cooperativismo de Plataforma se pregunta cosas como: ¿Quien extrae el valor en las plataformas digitales? ¿a donde va a parar y a que coste para el usuario y el entorno?

Cooperativismo de Plataforma: compartir la propiedad y la gestión

A estas alturas, no hace falta explicar que Internet ha pasado a estar controlada por Google, Uber, Amazon y similares. Casi todo el poder de la red se centraliza en una lista de no más de 50 o 60 empresas. Muchas de ellas son plataformas digitales que hacen de intermediarias en negocios reales fuera de la red. Es lo que conocemos como “Economía de Plataforma“. Con el Cooperativismo de Plataforma se pretende recuperar el poder de Internet, que ahora se concentra en esas pocas manos.

En un artículo anterior hablábamos de como, dentro de las plataformas digitales, las condiciones de trabajo suelen deteriorarse rápidamente. Los efectos negativos que tiene la economía de plataforma en los mercados laborales o en el de vivienda empiezan a verse con claridad. Por eso, van surgiendo alternativas como el Cooperativismo de Plataforma intentando mejorar las condiciones de los usuarios que ofrecen sus servicios a través de aplicaciones y webs.

El Cooperativismo de Plataforma es un concepto que está despertando un interés creciente en los últimos dos años. Con él se busca superar el modelo de propiedad que se ha implantado mayoritariamente en el entorno digital. Lo que propone es recuperar la idea de cooperativa adaptada y actualizada a la Economía de Plataforma. Los objetivos clave que se plantea son:

  • Adaptar a Internet los principios cooperativos de propiedad y gestión compartida de la empresa entre los trabajadores, característicos de las cooperativas.
  • Reclamar la propiedad de los datos y de la reputación online para devolvérselas a los usuarios que los generan.
  • Reclamar el valor que se crea en las plataformas para que el destinatario final sea el usuario.

Inspirarse en la tradición cooperativa

Trebor Scholz y Nathan Schneider son dos académicos norte-americanos que están dando a conocer el concepto de Cooperativismo de Plataforma. Lo mismo que sucede en otras partes del mundo, en EEUU existe una larga tradición de cooperativas de distintos tipos operando en todos los ámbitos de la economía. Es interesante conocer el caso de Colorado, donde el 70% de la electricidad del estado la suministra una cooperativa.

Último libro sobre el Cooperativismo de Plataforma de Trebor Scholz y Nathan Schneider
Último libro sobre el Cooperativismo de Plataforma de Trebor Scholz y Nathan Schneider

En España no es raro encontrar cooperativas de productores agrarios ni encontrarlas en otros muchos sectores. Entre ellas destaca la Corporación Mondragón, el mayor grupo cooperativista del mundo. Nació en 1956 con un trasfondo humanista y ha conseguido compatibilizar la eficiencia empresarial con la propiedad y la gestión compartida durante 50 años.

Las cooperativas funcionan básicamente como otras empresas mercantiles con la peculiaridad de que los socios cooperativistas trabajan, son propietarios y participan en la gestión. Autores como Scholz, Schneider y otros proponen inspirarse en la tradición cooperativa y adaptar la idea de co-propiedad a las plataformas de Internet. 

Hacia la Internet de los propietarios

Es posible que a algunos les resulte extraño y hasta les parezca anticuado oír hablar de propietarios en Internet. Al fin y al cabo, es el lugar donde han emergido los “Comunes Creativos” para superar las limitaciones de la propiedad intelectual. También es donde ha crecido la Economía Colaborativa que prefiere los valores ecológicos de poder acceder de forma compartida a los bienes, en lugar de poseerlos. Pero cuestionar la propiedad de las plataformas digitales es algo que está sobre la mesa ahora mismo con casos como el de Twitter que, a petición de algunos de sus accionistas, va a discutir en su junta anual de mayo la posibilidad de convertirse en cooperativa

Es cierto que detrás de los mensajes de compartir y colaborar que se escuchan por Internet puede haber de todo: está el activista comprometido, junto con él emprendedor avispado que los usa como etiquetas de marketing. El espíritu genuino de conexión, la defensa del software libre y del open data se mezclan, muchas veces, con la lógica del beneficio puro y duro vestida con lenguaje colaborativo. El posicionamiento en las cuestiones de propiedad compartida podría ayudar a separar el grano de la paja. Solo aquellas plataformas digitales, donde también se comparta la propiedad y la gobernanza, formarían parte de la verdadera Economía Colaborativa. 

El Cooperativismo de Plataforma anima a que nos preguntemos quien está extrayendo el valor, a donde va a parar y a que coste para el usuario y el entorno. Con este criterio de evaluación, la mayoría de plataformas que dominan el panorama digital suspenden el examen. Por eso, se propone sustituirlas poco a poco por otras que sigan un modelo cooperativista de propiedad y gestión compartida. 

Efectos disruptivos con vidas y trabajos

El consumidor esta encantado con las altas cotas de inmediatez y de conveniencia de los nuevos servicios digitales. Aplicaciones seductoras, con una experiencia de usuario sin fricciones, los ponen al alcance de sus manos. Pero los idilios, incluido los tecnológicos, no suelen durar para siempre. Cuando se pasa la moda, puede llegar el remordimiento del comprador. Ya empezamos a mostrar rechazo hacia unos aparatos que llevamos en el bolsillo desde hace casi 10 años de los que empezamos a sospechar. Nos estresan, nos espían y nos crean adicciones. Puede que nos permitan llamar a un particular en lugar de a un taxista pero ¿a que coste?. Hasta hoy parecía que los valores innovadores y disruptivos eran los que más importaban en los nuevos negocios. Pero, en el fondo, son las vidas de la gente y los derechos de los trabajadores los que acaban notando esos efectos disruptivos.

A las plataformas que ofrecen muchos de esos servicios les gusta verse a si mismas como empresas de innovación tecnológica. Pero esto no es del todo cierto. Pocas de ellas han inventado una nueva tecnología que hayan podido patentar. En realidad, son intermediarios en operaciones de comercio electrónico, alquileres, transporte o trabajo. La buena noticia es que lo que hacen se puede clonar con facilidad, sin tener que gastar mucho dinero. Varios expertos respondían a una pregunta publicada en Quora acerca de cuanto podría costar una aplicación como Uber (en inglés). Las respuestas varían, pero suelen rondar los 150.000$. No parece demasiado pensando en que se trata del núcleo central sobre el que se construye una empresa valorada en 69 mil millones de dólares por el mercado.

El momento cooperativo

Además de económicamente posible, el Cooperativismo de Plataforma es un concepto oportuno. Llega en un momento en el que muchos empiezan a notar los efectos de la digitalización. Un primer de grupo de interesados en apoyarlo son los que no forman parte de la economía digital, pero sienten sus efectos disruptivos. Están viendo como está afectando a su trabajo y como sus estándares laborales y de vida han empeorado.

Por otro lado, hay una sensación creciente y muy justificada de que fenómenos como la economía colaborativa no han resultado estar a la altura de lo que se esperaba de ellos. Otro grupo interesado en ayudar a implantar el Cooperativismo de Plataforma es el de los que se han desengañado. Aquellos que han participado en desarrollar la economía digital, tal y como la conocemos, y se han dado cuenta de que pusieron sus esperanzas en modelos que no han resultado ser lo que parecían.

También hay emprendedores que tienen pensado lanzar una plataforma, o ya lo han hecho, buscando alternativas al modelo de crecimiento de las start-ups que les pone en manos de inversores con objetivos incompatibles con los suyos.

Documento Sobre Cooperativismo de Plataforma y Economía Colaborativa

En este documento, se puede leer la crítica a la economía corporativa y la propuesta alternativa basada en el cooperativismo de Trevor Scholz o también se puede escuchar en el siguiente vídeo con traducción al castellano. 

Coops >< start-ups

En Silicon Valley llevan varios años perfeccionando su fórmula magistral para lanzar start-ups exitosas. Unas cuantas plataformas digitales han conseguido su posición dominante aplicándola. Empiezan como modelos de negocio novedosos e inciertos capaces de atraer grandes cantidades de capital riesgo. A cambio, los inversores quieren ver en acción cuanto antes su capacidad disruptiva. Las start-ups tienen que demostrar que pueden cambiar las reglas del juego y hacerse con una gran porción del mercado. Se espera que desplieguen con rapidez sus efectos de red y que alcancen tasas de crecimiento acelerado. Las condiciones de quienes ofrecen su trabajo en ellas tienen un papel secundario en sus prioridades. Los conductores de Uber, por ejemplo, deben de tener la sensación de estar trabajando como suplentes, mientras ven como la compañía desarrolla la tecnología de los coches que se conducen a si mismos.

Todo esto cambia si los usuarios que ofrecen sus servicios son propietarios de la compañía y participan en la gestión. En las cooperativas el mantenimiento del trabajo y de las condiciones laborales son objetivos prioritarios. La mentalidad cooperativa piensa a largo plazo y tiene en cuenta el impacto en la comunidad. Por el contrario, en una start-up se priorizan los beneficios a corto plazo y no se tienen en cuenta las consecuencias duraderas en las comunidades locales. Los asuntos de escala no tienen tanta importancia en muchas cooperativas. A veces será necesario buscarla, pero no siempre. El mercado puede ser un nicho local que ni se quiere ni se debe escalar. Una start-up necesita ir muy rápido creciendo y comiéndoselo todo a su paso. La cooperativa va despacio, sin esa obsesión por crecer a toda costa.

Compromiso con la comunidad

Las sociedades mercantiles que no tienen forma jurídica de cooperativa suelen tener un vínculo menos intenso con la comunidad en la que se implantan. En la economía globalizada, si aparece trabajo mas barato en otro sitio, la compañía se traslada fuera. En la economía de plataforma, el offshoring es todavía más fácil gracias a webs de servicios profesionales de bajo coste como Amazon Mechanical Turk. El trabajo que tradicionalmente hacía un empleado se puede dividir en una multitud de tareas sencillas. Luego estas tareas se ofrecen en mercados digitales baratos como el de India creando un efecto de “inmigración virtual” (o en marketpaces low cost nacionales creando el efecto de “deslocalización local”). Por el contrario, los socios que gestionan las cooperativas tienen un compromiso natural con la comunidad en la que viven y trabajan.

Airbnb hace muchos esfuerzos por que se le identifique con los rasgos de autenticidad de la cultura local. Sin embargo, en el fondo, tiene muy poco que ver con los vecindarios en los que se implanta. Muchas veces son los mismos locales los que le piden que se vaya de sus barrios. Su ciudad es para la compañía una más en la lista de decenas de miles. Los asuntos de acceso a una vivienda asequible, molestias o gentrificación están en su lista de prioridades muy por debajo de los objetivos de crecimiento propios de las start-ups, de los que hablábamos antes. Lo más frecuente es escuchar a alguno de sus representantes discutir los datos o negar cualquier responsabilidad diciendo que son una empresa tecnológica.

Un Airbnb más justo

Fair Bnb propuesta cooperativa para mejorar el homesharing
Fairbnb.coop una propuesta cooperativa para mejorar el home sharing

La visión de como podría ser el home-sharing desde la perspectiva del Cooperativismo de Plataforma es muy diferente. Cada ciudad podría tener una cooperativa local de anfitriones y propietarios de pisos que gestionaría su plataforma de alquiler turístico. En Amsterdam está surgiendo Fairbnb.coop un movimiento cooperativo de alquiler vacacional que en su manifiesto (en inglés) se definen a si mismos como:

… una opción sostenible y no extractiva frente al paradigma actual del alquiler de alojamiento y a sus problemas asociados en las comunidades. Apoyando una alternativa a las plataformas de alquiler vacacional justa, transparente y de co-propiedad  …

El ecosistema cooperativo digital

Una cooperativa que actúa sola sin coordinarse con otras tiene pocas posibilidades de salir adelante. El Cooperativismo de Plataforma no contempla un puñado de ellas aisladas, sino que persigue construir todo un ecosistema cooperativo digital. Su gran reto es ir rellenando poco a poco ese ecosistema. Para eso, se necesitan cosas como:

  • Promover un marco legal favorable
  • Desarrollar una cultura que eduque en el modelo cooperativo y el management democrático
  • Implicar a todos los profesionales necesarios para crear plataformas como diseñadores y programadores etc
  • Desarrollar herramientas de financiación, vinculación y cooperación

La longevidad de la Cooperativa Mondragón, de la que hablábamos al principio, se debe en gran parte a que es un consorcio de muchas cooperativas operando de forma coordinada. El 10% del beneficio neto de cada una de ellas va a parar a un fondo común con el que se financia esa coordinación. Otro 45% le corresponde a los miembros, pero no lo reciben inmediatamente, sino que se reserva en otro fondo como pensión para cuando dejen de trabajar. Esto hace que la corporación tenga dinero para invertir en proyectos que refuerzan todo el conjunto como una Universidad o un centro de I+ D.

Algunos ejemplos de cooperativas que han empezado a poblar el ecosistema son: Fairmondo.de -un marketplace del tipo de eBay donde cooperativas locales venden sus productos y son propietarias de la plataforma-,  Stoksy.com -una cooperativa de fotógrafos-, Loconomics.com -una cooperativa de profesionales que ofrecen servicios diversos del tipo que podrían encontrarse en Taskrabbit- o la aplicación Coopify app -donde encontrar servicio doméstico ofrecido por cooperativas-. 

Herramientas cooperativas

Para generalizar el modelo cooperativo en el mundo digital se contemplan dos tipos de estrategias. Por un lado se necesita un juego de herramientas para que los nuevos proyectos que van surgiendo adopten la forma de cooperativas. En esta etapa inicial, es importante encontrar formas de financiación. Plataformas de crowdfunding especializadas como Goteo.org pueden ser útiles en algunos casos. En otros, se puede tratar de atraer a inversores que entiendan la sostenibilidad a largo plazo de las cooperativas como un valor añadido.

Pero también se necesitan herramientas para convertir en cooperativas plataformas que no han nacido como tales. La mayoría empiezan como negocios de alto riesgo con muchas posibilidades de fracasar. En un momento inicial, tiene sentido crear una start-up para testar la viabilidad de la idea. Esto puede hacerse teniendo previsto desde el inicio cooperativizar el proyecto una vez que ha alcanzado determinado nivel de desarrollo.

También es importante para la generación de nuevos modelos de negocio ser capaces de experimentar con proyectos híbridos. Este sería e caso de plataformas que, por algún motivo, no pueden transformarse en cooperativas, pero quieren introducir elementos de co-propiedad y de gobernanza democrática, dándole poder de decisión a su red. La Colmena que Dice Sí es uno de esos proyectos híbridos que ha nacido con los planteamientos de financiación y de escala de una start-up. Actualmente están buscando fórmulas para repartir el capital y la capacidad de decisión entre sus anfitriones. 

Una alternativa para el legislador

Los políticos tienen la responsabilidad de decidir que es lo que van a hacer al respecto de compañías como Uber o Airbnb. Son industrias capaces de cambiar el tejido urbano o todo un sector de la economía de los lugares en los que operan. En algunos casos, se les ha dejado actuar y se les ha observado para hacerse una idea de que hay detrás de estas novedades. Esto se ha hecho con la intención de actuar una vez que se ha obtenido información suficiente. Otras veces, las han prohibido y los reguladores han sido acusados de reaccionarios, que están en contra de la innovación.

El Cooperativismo de Plataforma es una alternativa para el legislador. Es la constatación de que no hay que aceptar necesariamente y de forma fatalista lo que viene de Silicon Valley. En su lugar, se puede favorecer con regulaciones aquella forma de gobernanza que se entienda que es la mejor para unas estructuras que tienen tanto impacto en nuestras vidas o lo pueden tener.

Blockchain: ¿El fin de las plataformas digitales?

El Cooperativismo de Plataforma no solo cuestiona el modelo de propiedad y de gobernanza de los intermediarios digitales. Sus planteamientos van todavía más lejos. Llega a preguntarse si ese papel de intermediario es necesario o, por el contrario, podemos prescindir de él. 

Relacionada con el Cooperativismo de Plataforma, en ocasiones aparece mencionada la palabra blockchain. Es como se llama a la forma descentralizada de organizar la información que usa Bitcoin. Esta tecnología permite desarrollar y ejecutar un software de forma segura sin necesitar el control de una plataforma central. De esta manera, muchos individuos pueden coordinar una actividad común, interactuando entre ellos sin el Facebook -Uber, Google o Airbnb- de turno capturando el valor que generan los usuarios.

Actualmente, están surgiendo proyectos en distintas áreas que aplican la tecnología blockchain. Se están construyendo redes sociales como Akasha o Steem que recompensan a los usuarios a cambio del contenido que generan. OpenBazaar es un eBay construido con blockchain donde compradores y vendedores se relacionan sin pasar por una plataforma central. También han aparecido sustitutos de Uber como Arcade City o Commune. Pero la emergencia de estos entes descentralizado despierta muchas nuevas dudas: ¿Mejorarán realmente las condiciones de los usuarios?, ¿Estarán mediados por algoritmos que sean mas justos?…

El Cooperativismo de Plataforma es un esfuerzo que busca rectificar la tendencia al gigantismo y a la centralización que hemos descubierto en Internet. Se nos dice frecuentemente la frase de que esos gigantes han “venido para quedarse”. No tiene por que ser así si se sustituyen por algo mejor.

Acerca de Carlos García 88 Articles
Profesional del turismo desde 2001. Me interesa estar al día en las novedades y tendencias turísticas y también me gusta desarrollar en este blog una faceta de reflexión responsable y autocrítica sobre el turismo.

2 comentarios en Cooperativismo de Plataforma: ¿Y si Airbnb fuese una red de cooperativas locales de anfitriones?

  1. Carlos, cada vez que leo un artículo tuyo me dejas alucinada con tu nivel de conocimiento… No sé cómo expresarlo en palabras, pero en serio que me quito el sombrero de lo mucho que aprendo contigo. ¡Muchísimas gracias! De nuevo un gran artículo que tendré que releer para asimilar de verdad 😉

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