El turismo es bueno en si mismo y tiene que seguir creciendo sin límites.

El viejo relato acerca del crecimiento turístico sin límites sigue siendo el dominante hoy en día. Se lo escuchamos a los grandes empresarios, al ministro o a la prensa. Pero cada vez está más desconectado de la realidad. Ha contribuido a crear el caldo de cultivo para una rebelión contra el turismo. Es curioso como el año oficial del turismo sostenible va a acabar siendo finalmente recordado por la turismofobia y el overtourism (saturación turística).

La manía incrementalista de la mayoría del sector turístico no da señales de remitir. A pesar de los llamamientos externos para revisarla, las autoridades competentes no se dan por aludidas. La OMT ha sacado a la luz recientemente los datos clave sobre la importancia del turismo en la economía global. El gráfico de tendencias y proyecciones de crecimiento turístico entre 1950 y 2030 impresiona. Sin embargo, produce un efecto opuesto al del triunfalismo con el que parece estar publicado. En el fondo, asusta ver representada con tanta claridad la aceleración del rodillo turístico, cuyos efectos notamos cada vez más.

Evolución y previsiones de crecimiento turístico.

En su línea el presidente de esa organización intervino en verano diciendo que “El crecimiento turístico no es nuestro enemigo, lo que cuenta es como lo gestionemos”.

Parece ser que el crecimiento turístico nunca se cuestiona, solo se gestiona. Pero la realidad es terca y acabará imponiéndose por mucho que la élite turística se empeñe en darle la espalda. Es mucho más probable que el turismo tenga que aceptarla un día, quizás cuando ya sea tarde.

La falacia del crecimiento turístico bruto

El aumento de llegadas internacionales, de pernoctaciones hoteleras o del gasto del viajero son los indicadores que se utilizan para medir la salud del turismo. Sirven para evaluar a sus líderes -ya sea un empresario de un gran grupo hotelero o el ministro de turismo del país-. Basadas en esos datos se toman las principales decisiones políticas en el sector. Los costes nunca se mencionan. Las partidas que se refieren a ellos se eluden al dar las grandes cifras sectoriales.

Que el turismo pretenda gestionarse a si mismo hacia la sostenibilidad exclusivamente con indicadores brutos de crecimiento es una falacia. Es importante que revisemos esa ilusión compartida del “cuanto más mejor”. En su lugar hay que trabajar por comprender los costes de atraer y mantener a los visitantes. Muchos son difíciles de cuantificar. A pesar de ello, los beneficios del turismo tienen que pensarse en términos netos, calculando la línea de equilibrio entre lo que el destino obtiene de cada turista y lo que se gasta en atraerle y mantenerle.

Los records anuales de crecimiento son las medallas que se cuelgan a si mismos los gestores del turismo. Festejándolos alimentan una sensación de falso progreso que en el fondo esconde un fracaso. Nos distraen con estadísticas sobre sus logros para dar cobertura a las ineficiencias ocultas del turismo que poco a poco están saliendo a la luz.

 

Salir de la vieja narrativa

Es a nivel local donde se detectan muchas de esas ineficiencias ocultas del turismo y se calculan sus verdaderos costes. Las comunidades anfitrionas políticamente organizadas juegan un papel importante. Donde no existen, los problemas pasan desapercibidos y no se hace nada. Las rebeliones contra el turismo que estamos presenciando en todo el mundo no se deben ignorar. Considerar a los ciudadanos como unos histéricos mediatizados por los radicales es un error. Ellos son los que nos liberan de la inercia y la narrativa oficial. 

Es un buen momento para abandonar la vieja historia que nos han contado y que nos contamos a nosotros mismos. El debate sobre los límites del turismo está muy vivo a nivel internacional. Los planteamientos de decrecimiento turístico han dejado de ser un tabú, se estudian y están saliendo a la superficie. El crecimiento sin límites va acompañado de un silencioso fatalismo en lo medioambiental y lo social que no es necesario aceptar. 

Imagen: captura Telediario de Antena 3.