El que a estas alturas todavía crea que las protestas anti-turísticas son cosa de unos cuantos radicales de Barcelona anda un poco despistado. Se trata de un malestar global. Una reflexión sobre los verdaderos beneficios del turismo que está haciendo cada vez más gente de muchos lugares.

Un cuento turístico

Aquí sin embargo, a una parte de la prensa, de los políticos y del propio sector le ha sentado fatal que se cuestione al turismo. Tirando de ideología y víscera han fabricado su relato oficial. A ratos pertenece al género conspiranoico y otros a la literatura infantil.

Mas o menos lo que vienen a decir es que que la irritación turística en la ciudad es una especie de operación de propaganda psicológica perpetrada por la maléfica Ada -bruja, más bien para ellos- Colao. El ayuntamimento de Barcelona tendría en su poder algún tipo de arma secreta para lobotomizar a los habitantes de la ciudad y hacerles turismóbofos. La estarían usando para que digan en las encuestas que el turismo es lo que mas les preocupa en la ciudad por encima del paro, aunque no lo piensen.

Algo parecido estaría pasando en lugares como Mallorca o San Sebastian. Allí  los radicales habrían conseguido sugestionar a turoperadores internacionales y turistas para que piensen que aquello está muy lleno. No son las playas abarrotadas y las colas en los restaurantes lo que hace que muchos digan que no piensan volver, es la turismofobia: un boicot organizado por anarquistas.

El coco del terrorismo también aparece en este cuento. Los periodistas han descubierto una coincidencia que da mucho miedo: la kale borroka y el turismo borroka son lo mismo. Para que esta asociación se nos quede bien grabada en la mente, insertan una foto de un homenaje a un etarra con un titular sobre una protesta turística.

El dedo acusador de la turismofobia

Hablar de turismofobia no es algo neutro. Por definición es un concepto que se elabora desde el punto de vista del que defiende al turismo y sirve para señalar con el dedo. Se trata de una acusación o una denuncia, lo mismo que lo es la xenofobia. El problema es que se está abusando del término. Se utiliza para criminalizar a quienes denuncian las molestias o la precariedad asociados al turismo tachándolos de antisistema.

En junio comentábamos en otro artículo como en Barcelona los políticos, los lobbies y la prensa estaban instrumentalizando la turismofobia para sus propios intereses. Esto se ha convertido en el deporte del verano en periódicos y televisiones.

Uno de mis momentos favoritos del show mediático con la turismofobia ha sido una intervención de Pilar Raola en la tele. Le dijo al representante de los vecinos de la Villa Olímpica que son unos privilegiados por vivir en una ciudad bonita en una zona cerca del mar. ¿De que te quejas?. Van a construir un hostel de 500 plazas enfrente tuya. Puede que pronto tengas que irte de allí si siguen subiendo los alquileres. Pero corta esa pataleta con el turismo por que eres un privilegiado. Así es como los que lo son de verdad quieren que veamos a los vecinos de los barrios afectados.

“Overtourism” o sobre-turismo

Pero es posible que todo este revuelo alrededor de la palabra del verano esté teniendo algunos efectos interesantes. La industria turística ha empezado a utilizar otro neologismo: overtourism o sobre-turismo. Por el momento es su palabra favorita  para referirse a un fenómeno en alza.

Overtourism (sobre-turismo) se refiere a los lugares en donde los residentes o los visitantes piensan que hay demasiados turistas y que la calidad de vida de la zona o la calidad de la experiencia para anfitriones y huéspedes se ha deteriorado de forma inaceptable.

Esto supone un avance con respecto a la tradicional actitud de negacionismo en el sector. Hasta ahora lo habitual ha sido verlo desentenderse de los asuntos de sostenibilidad de los destinos que comercializa. También parecía tenerle alergia a conceptos como la capacidad de carga, la regulación o los límites al turismo.

En este momento el epicentro mundial del sobre-turismo es Barcelona. La prensa internacional especializada habla constantemente de ello. Pero poco a poco nos vamos enterando de que los barceloneses no somos los únicos desaprensivos que se cuestionan el modelo turístico. Mientras los números globales del sector van creciendo, también lo hace el descontento en los principales destinos europeos. Edimburgo, Dubrovnick, Venecia, Berlín, Amsterdam … no paran de sumarse lugares que cuestionan el turismo ¿Que es lo que está sucediendo?.

El rodillo turístico

En 2016 se registraron 1,235 millones de llegadas de turistas en el mundo, un número de record. Está previsto que este año se bata de nuevo y que el crecimiento continúe en los próximos. A este paso en apenas una década se habrán alcanzado los 2.000 millones. La cuestión es: ¿Estamos preparados para un planeta con 2.000 millones de turistas?.

Uno de los problemas es que la lista de lugares con interés para el turismo global de masas es limitada. Esto es debido en gran parte a los efectos del marketing. Cuando un destino se hace conocido gracias a la promoción, todos los operadores turísticos quieren aprovechar el tirón y explotar sus posibilidades. Atraen un gran volumen de público hacia él. 

Esto crea en el consumidor una mentalidad de coleccionismo con los destinos globales de moda. Se trata de ir tachando los lugares y atracciones de la lista conforme se visitan. Cuantos más mejor, no vayamos a quedarnos atrás de los compañeros de trabajo. 

Los destinos turísticos populares que acogen al turismo masivo no permanecen estáticos sino que evolucionan. Costas, ciudades, barrios o ríos se adaptan para que el turismo pueda consumirlos. Otro de los neologismos que está de actualidad es turistificación, la hermana pequeña de la gentrificación.  En las ciudades el comercio se transforma y el mercado de la vivienda o la convivencia entre vecinos se ven afectadas. El resultado del turismo que no se gestiona de forma responsable no suele gustar a los residentes. La irritación turística crece y aparecen las protestas.

El dinosaurio del turismo

Antes del verano, Barcelona ya se estaba convirtiendo en la capital mundial del descontento turístico. Pero Joan Gaspart en esta entrevista decía que el “modelo Barcelona” es un éxito que todos quieren copiar. Es inquietante la falta de perspectiva en quien desde 1994 ha estado al frente de la gestión turística local. 

Hay señales de que el  turismo necesita cambiar para adaptarse al momento. Sin embargo, a veces se comporta como un viejo dinosaurio con pocos reflejos.

Cuando sucedió el incidente con un autobús turístico en Barcelona, uno de los expertos en turismo sostenible publicó en Facebook una pregunta que yo también me hago muchas veces. ¿Cuanto tienen que protestar los residentes, antes de que el sector público y privado acepten la responsabilidad por los impactos negativos del turismo?.

Imagen Jordi Boixareu en Flickr