La versión edulcorada del turismo que ha sido durante mucho tiempo la dominante ya no lo es tanto. Ahora no es raro encontrar a quien lo considera un problema sobre el que deberíamos reflexionar seriamente.

Si eres  de quienes se preocupan por los efectos de una de las actividades con mayor peso en la economía mundial, estos dos enfoques alternativos te pueden interesar. Se trata de dos visiones muy críticas que intentan ir al fondo de la cuestión desde planteamientos post- o anti- capitalistas. Si por el contrario eres más de los que piensa que no hay que cuestionar al turismo no vaya a ser que nos cargemos el motor económico del país, casi mejor que no sigas leyendo.

La creación destructiva del turismo

“Creación destructiva: La acumulación de capital y la violencia estructural en el turismo” (link en inglés) es un trabajo interesante publicado en 2017.

El título es una provocación que juega a darle la vuelta al concepto de “destrucción creativa” presente en la economía desde hace varias décadas. Una teoría que describe un ciclo darwiniano de renovación constante donde los nuevos negocios derriban lo que es viejo. El estudio argumentea que en el capitalismo esto se consigue a base de excesos autodestructivos y utilizando formas de violencia estructural como base de la creación de valor. Aparece así un proceso inverso de “creación destructiva”, que depende de la destrucción creativa y la revierte.

Este reverso se observa con claridad en el turismo donde lo que es creación y disfrute para unos, muchas veces se consigue con violencia y destrucción para otros. Poniendo el foco en este lado oscuro salen a la luz algunas dinámicas que se suelen pasar por alto. Los autores del estudio se fijan en dos: el proceso de mercantilización turística y la violencia embebida en el turismo. Explican como para crear productos turísticos se mercantilizan personas y lugares y como esto está relacionado con distintas formas de violencia.

Violencia estructural

Evidentemente no estamos hablando solo de violencia física. El término se utiliza aquí en un sentido más político. Se trata de una forma de control que consigue crear jerarquías y sumisión. Es lo que denominamos violencia estructural, aquella que provoca inercias. La gente contribuye indirectamente a que exista, pero nadie es su responsable directo. Tomando este tipo de violencia descubrimos que hay una relación más sutil y multi-facetica del turismo con ella.

Con este enfoque no se trata de demonizar toda una actividad económica. El turismo no solo es violencia, es obviamente mucho más. Pero hay una conexión entre turismo y violencia que no ha recibido la atención que se merece, según los autores del estudio. Su intención es añadir debate y arrojar luz acerca de hacia donde se encamina el sector. También esperan abrir la puerta a futuras investigaciones que desarrollen el potencial no utilizado del turismo para contrarrestar esas dinámicas de mercantilización y de violencia estructural que todavía suceden dentro de él.

Formas de mercantilización y de violencia estructural en el turismo

Para entrar en la economía, muchas cosas necesitan transformarse antes de ser capaces de circular por ella. La mercantilización engloba a una serie de procesos que permiten convertirlas en algo económicamente valioso. Esos procesos se han sistematizado en seis estrategias: privatización, alienabilidad, individualización, abstracción, valoración y desplazamiento. 

El turismo es muy bueno convirtiendo culturas, gente y entornos en mercancía. Los autores del estudio dan ejemplos de como utiliza cada una de esas estrategias para conseguirlo. 

Por otra parte, el mundo desigual que observamos es el resultado de formas de violencia estructural que se ejercen constantemente en él. El turismo como industria global depende de ellas para existir y a su vez las refuerza. Además, la actividad turística ejerce sus propias formas de violencia estructural que acaban produciendo acumulación, desigualdad o desposesión por si mismas.  El estudio analiza tres de esas formas que se ejercen:

  1. Produciendo desigualdad.
  2. Generando desperdicios.
  3. Creando espacios de excepción.

¿Hay alternativa a la destrucción creativa?

Sería injusto dar la impresión de que la destrucción creativa es exclusiva del turismo. En realidad es algo que sucede en el capitalismo en general. Lo que se dice en el  estudio acerca del turismo hay que entenderlo dentro de un movimiento más amplio. Uno que propone la reducción sostenible del consumo global y de los patrones de producción no solo en el turismo. 

Una de las alternativas que se menciona es adoptar la formas de consumo y producción ecológicas que defiende la Economía Bioregional (en inglés) .  El turismo ya no puede consistir en poner cruces a las atracciones espectaculares que he visitado y en que aumenten las pernoctaciones en hoteles. Debería de entenderse como una conexión con lugares específicos durante más tiempo y con más dedicación.  Buscar en el viaje una mayor implicación con la gente, sus luchas sociales, ecológicas o políticas ya sean locales o extra-locales.

Actualmente el turismo está basado en el aprovechamiento de bienes que son comunes como las ciudades,  el patrimonio cultural o los entornos naturales. El problema es que lo  hace violéntandolos, mientras se dedica a sus objetivos de acumulación. Esto debería de cambiar. Pasar de ser una actividad privatizadora a una que se fundamente en recursos comunes y contribuya a mejorarlos. 

El turismo como actividad extractiva

¿En que se parece el turismo de Barcelona a una mina de hierro en Brasil o a una plantación de soja en Bolivia?. ¿Y si nuestras ciudades fuesen recursos naturales que están siendo extensivamente explotados por la industria turística global?.

Son preguntas que se hace la filósofa Marina Garcés en esta conferencia del Master de Turismo y Humanidades de la UAB. En ella se relaciona al turismo con el extractivismo. Un concepto sobre el que existe un debate en Sudamérica que aquí apenas conocemos.

 

El extractivismo es un patrón de desarrollo donde la economía de un país se organiza alrededor de la extracción de sus materias primas, creando en él una relación de dependencia con los mercados internacionales de esas materias y los países que las explotan. Son estos últimos los que las procesan desarrollando su industria y obteniendo beneficios basados en recursos naturales ajenos.  

Aunque es una herencia del colonialismo, sigue existiendo hoy. Los gobiernos progresistas de Sudamérica son los que han impulsado recientemente un nuevo extractivismo que depende de capitales extranjeros, especialmente chinos. El desarrollo  que produce a corto plazo es lo que lo justifica, a pesar de que a la larga va acompañado de  dependencia económica y de la destrucción de recursos naturales. 

El turismo frente al espejo del extractivismo

A primera vista todo esto nos puede parecer lejano. Sin embargo si nos fijamos en lo esencial del patrón extractivista -localizar recursos valiosos y venderlos baratos al mejor postor en el mercado global consiguiendo un desarrollo desigual-, empieza a sonarnos familiar. Es lo que nos podría estar sucediendo con el turismo solo que, como dice Marina Garcés en una entrevista, “la diferencia está en que los recursos naturales somos nosotros, nuestra memoria colectiva y nuestro patrimonio”

Resulta revelador extrapolar al turismo la crítica que se viene haciendo en Sudamérica desde hace años al extractivismo. Estos son algunos rasgos que comparten los dos:

Turismo & Extractivismo

|Ambos provocan dependencia económica, concentrado los ingresos en una sola fuente en detrimento de las demás. Esta es una tendencia que preocupa, por ejemplo, cuando se habla del monocultivo del turismo. 

|Van acompañados del efecto voracidad de cualquier explotación extensiva, que tiende a agotar su recurso. El turismo suele poner en peligro a su gallina de los huevos de oro llevando los recursos más allá de su capacidad natural. Recientemente hemos estado hablando de overtourism o de la tendencia a la saturación turística que degrada los destinos masificados. 

|Son formas de desarrollo aparente que en realidad producen riqueza empobrecedora. También hemos visto como el éxito turístico se mide con indicadores brutos de crecimiento que enmascaran costes y desigualdades

|Afectan al tejido social provocando cambios intensos que la comunidad local no es capaz de absorber. Favorecen una sociedad civil rentista y pasiva que puede dedicarse a vender o alquilar su tierra. Exponen a los residentes a población flotante (mineros o trabajadores extractivos / trabajadores turísticos y turistas) con la que pueden entrar en conflicto.

|Tienen consecuencias políticas al concentrar la riqueza favoreciendo la aparición de  interlocutores privilegiados. Hay tendencia al autoritarismo y a la democracia delegativa donde los ciudadanos no participan en decisiones fundamentales. Se crean excepciones de legalidad ad hoc (minas / Fundación Bully, Barcelona World).

¿Que se puede hacer?

Las vueltas atrás nunca son posibles. En la conferencia se nos advierte en contra de la nostalgia de un pasado auténtico idealizado. La única opción posible es mirar hacia adelante e intentar recuperar el control del recurso natural que está siendo arrasado. En el caso del turismo esa materia prima es en el fondo la vida en común. Para recuperarla se recomienda hacerlo dese la perspectiva de la Ecología Política. Un planteamiento que no busca preservar la naturaleza intacta ni  la autenticidad, sino defender los lugares compartidos.

También se sugieren algunas formas concretas de como oponerse al carácter extractivista del turismo: cuestionar el concepto del desarrollo y el crecimiento económico con la idea de decrecimiento; sabotear el extractivismo con movimientos sociales que desvelen las inercias e ilegalidades que lo mueven; buscar formas cooperativas y compartidas de hacer economías en resistencia y redefinir el sentido de la riqueza. ¿Cual es la riqueza que viene del turismo?. ¿Es la que queremos?.

La “mirada crítica e implicada” que María Garcés tiene del turismo en su ciudad también sirve para las demás. Nos anima a que consideremos la nuestra como un conjunto de lugares compartidos que necesitamos para tener una vida digna. También anima a recuperarla desde abajo, desde los barrios, desarrollando la ciudad comuna frente a la ciudad marca que se vende en su totalidad en el mercado turístico internacional.