En Barcelona no podemos decir que no nos habían avisado. Que los residentes permanentes de las áreas vacacionales acaban hartándose del turismo, es algo constatado y estudiado. En 1975, mucho antes de que la ciudad se entregase a su idilio con el turismo de masas, se publicó el Indice de Irritación Turística, un indicador que mide la percepción que tienen del turismo los habitantes de áreas que se dedican a él.

Allí se hacía una advertencia: el romance entre residentes locales y turismo no es como en los cuentos, donde juntos acaban viviendo felices. Según observo Doxey el autor del índice, después del flechazo inicial la población local se va cansando y su percepción del turismo empeora. Esto sucede en cuatro fases (euforia, apatía, molestia y antagonismo) donde la irritación turística crece en paralelo al número de visitantes que llegan.

Estos flashbacks en vídeo de Youtube que aparecen a continuación, recuerdan algunos momentos reveladores en la evolución de la irritación turística de los barceloneses.

Pioneros (1975)

En el mismo año en el que se publicaba el Índice de Irritación Turística, una Barcelona muy diferente a la de ahora aparece en la película “El Reporero” del director Antonioni. La Pedrera de Gaudí con su fachada negra por la contaminación, sin colas para entrar y gratis es algo inimaginable hoy en día.

En el ciclo de evolución de los destinos turísticos la Barcelona pre-olímpica estaba entonces en las fase de exploración. Solo llegan unos pocos turistas que van a los mismos restaurantes y cafés que los locales y utilizan las mismas instalaciones. El personaje de Jack Nickolson en “El Reportero” es el prototipo de visitante vagabundo o explorador característico de esta etapa. Tiene lo que se llama mentalidad “alocéntrica”. Le vemos chapurreando un poco de español con el portero de la casa Milá. Se mezcla con los barceloneses y se interesa por la cultura, la comida o la arquitectura.

El turismo todavía no altera el medio natural y el tejido social de la ciudad. Tiene poca importancia en la vida y en la economía local.

Euforia (1992)

Hay pocas secuencias que representen mejor la euforia de un destino turístico buscando abrirse al mundo y a los visitantes que la ceremonia de inauguración de las olimpiadas del 92. Las fanfarrias compuestas por Carles Santos para la ocasión se detienen dando pie a que el estadio entero entone un sonoro HOLA. Los figurantes de La Fura dels Baus forman la palabra en el suelo. El público la corea y la celebra con una emoción que a día de hoy todavía resulta contagiosa.

Éste no era el primer intento de Barcelona por destacar internacionalmente y atraer visitantes a golpe de mega-evento. Las exposiciones universales de 1888 y 1929 habían sido antes. Pero esta vez sí, a la tercera fue la vencida. Las olimpiadas colocaron a la ciudad en una posición privilegiada para competir en el  mercado de ciudades globales.

El programa de reformas para mejorar la circulación y el frente marítimo había comenzado años antes. La ciudad empezaba a mirar a Europa y a abrirse al mundo. La nueva Barcelona de los ochentas y noventas fue en gran medida un proyecto compartido entre instituciones públicas y ciudadanía. El equipo del alcalde Maragall trabajó apasionadamente para traer las olimpiadas a su ciudad y acelerar las mejoras ya iniciadas. Por su parte los barceloneses también participaron en los cambios que estaban sucediendo. El voluntario olímpico hospitalario y colaborador personifica esa época.

En el ciclo turístico esta es la fase de implicación. En ella la gente local es feliz de que se les conozca fuera y de que se interesen por su ciudad. Son acogedores con los que vienen y los ven como fuente de progreso y desarrollo.

Apatía (1999)

Ya amaneció en la playa de la Mar Bella y la música electrónica sigue sonando en el Sonar de 1999. Unos ciclistas madrugadores se paran en el paseo a mirar a los asistentes. En el mismo reportaje, un panadero y un cliente en el Rabal comentan sobre esa gente llamativa que se pasea por el barrio y escucha música rara. En el fondo, apenas molestan y se dejan unas pesetas en la caja.

A finales de los 90 Barcelona entró en la categoría de “sitios a los que hay que ir”. Los skaters empezaban a venir a hacerse vídeos en la plaza del Macba y jóvenes de toda Europa a salir por las noches. El Sonar tuvo que ver con la imagen de Barcelona como destino cool. Su primera edición fue en 1994 y pronto empezó a atraer a aficionados al techno de todas partes. Expertos en turismo estudian este festival como un evento pionero iniciado por promotores locales, cuyo impacto puede ser superior a cualquier operación de marketing.

En paralelo a ese tipo de iniciativas espontáneas, el ciclo turístico sigue su curso. El control local en el desarrollo económico disminuye en favor de los negocios globales. Se van instalando las grandes franquicias y cadenas internacionales, que acabarán dominando la economía.

Conforme el lugar se va haciendo más conocido empieza a atraer a otro tipo de visitante. En 1995 en medio de la polémica, se construyó un gran edificio en el puerto viejo de Barcelona. Allí se instaló el IMAX (un cine en 3D) y un acuario. Las atracciones naturales y culturales originales no son suficientes para el turista de masas. Hay que complementarlas con otras artificiales a su gusto.

En esta etapa, los residentes toleran bien al turismo al que tan solo ven como una fuente de ingresos.

Molestia (2007)

Durante la primera década de este siglo el número de visitantes que llega a Barcelona se dispara. El punto de saturación en algunas zonas y servicios de la ciudad empieza a alcanzarse.

Ante esta situación la planificación turística tiende a aumentar la capacidad, en lugar de a poner límites al crecimiento. Por todas partes se desarrollan nuevas atracciones, servicios e instalaciones para turistas.

Un ejemplo de este aumento vertiginoso de capacidad en esos 10 años puede verse en la evolución de la flota y de los usuarios del Bus Turistic. En 2007 alcanzó el record de 2.181.599 usuarios, como se ve en este gráfico de Turisme de Barcelona.

usuarios del bus e irritación turística de Barcelona
La abundancia de facilidades destinadas solo al turismo empieza a provocar frustración en los locales. Poco a poco, van perdiendo la simpatía por el turista y empiezan a dudar de la versión optimista que el sector tiene de si mismo. 

En las audiencias ciudadanas que celebra el ayuntamiento con los vecinos del barrio turístico de Ciutat Vella se empieza a notar la irritación turística. Los apartamentos turísticos urbanos habían llegado allí a comienzos de la década y se estaban multiplicando. Alrededor de 2005 las quejas por las molestias en apartamentos aparecen en todas las reuniones y en la prensa. Fue entonces cuando empezó a hablarse de regularlos.

Antagonismo (2014)

En la evolución de la irritación turística de Barcelona 2014 fue un punto de inflexión. La forma de hablar del turismo en la prensa y en la calle cambió.  Los barceloneses empiezan a cuestionar el modelo turístico más abierta y mayoritariamente que nunca. Los movimientos vecinales que en los 90s y 00s habían perdido relevancia, resurgen con fuerza gracias al turismo. La voz de los que viven en los barrios más afectados se escucha por primera vez en documentales como Bye Bye Barcelona. 

El de ese año fue un “verano caliente” con manifestaciones de vecinos en la Barceloneta y otros lugares congestionados. 

Como predice el ciclo turístico, el tipo de turista ha cambiado en esta etapa. Por un lado, es el momento del turista de masas organizado con mentalidad psicocéntrica que viaja con un paquete turístico de todo incluido. Un visitante que no tiene nada que ver con la comunidad local y prefiere vivir en una burbuja turística. 

Pero por otro lado, también están los jóvenes que siguen la moda del turismo de borrachera. La mezcla es explosiva cuando se combina con el fenómeno de los apartamentos turísticos, que Airbnb había terminado de generalizar y descontrolar. La foto de unos turistas italianos comprando desnudos en un supermercado de la Barceloneta se  hizo viral. Fue el símbolo de un turismo al que la ciudad se resiste a resignarse. 

Empiezan a aparecer pintadas en las paredes contra los turistas y otras manifestaciones de turismofobia. La asociación de barrios ABTS entiende la irritación turística de los vecinos, pero no la turismofobia que dificulta un debate serio y profundo. Pone sobre la mesa las políticas de decrecimiento turístico.  

En las municipales del 2015, el turismo entró en la política. En ellas, los programas electorales de todos los partidos hablaban de regularlo y controlarlo. 

El guión de la irritación turística

Estudios como el Índice de Irritación Turística o el Ciclo de Evolución de Destinos Turísticos llevan décadas al alcance de quien los quiera consultar. Son herramientas para la planificación de los destinos turísticos que han acertado en muchas de sus previsiones. También son advertencias de las consecuencias negativas de un  turismo mal gestionado. Sin embargo, da la sensación de que han sido sistemáticamente ignoradas por los encargados de promocionar, planificar y gestionar el turismo en muchos lugares como Barcelona.

De la euforia a la irritación turística, parece que hemos ido paso por paso siguiendo el guión que Dorxey escribió hace mucho años. ¿Se podría haber evitado? ¿Estamos a tiempo para rectificarlo?