En el debate turístico hay dos extremos contrapuetos que no lo ponen nada fácil para que se pueda hablar de forma constructiva sobre turismo. Por un lado, están los que le echan la culpa de todos los males y por otro, los que niegan los problemas que se le asocian. Para referirse a los primeros existe una palabra de moda, turismofobia. No está tan claro como etiquetar a los segundos. Negacionismo (de los efectos del turismo) es una expresión que se ajusta bastante bien a un tipo de mentalidad muy extendida.

En realidad, turismofobia y negacionismo son manifestaciones extremas de dos visiones irreconciliables del turismo que siempre han existido: la paranoica y la utilitarista. Para los paranoicos todo cambio es una amenaza. Los turistas representan la culminación de procesos sociales y culturales de masificación, frivolización y mercantilización en marcha. Por su parte, los utilitaristas consideran cualquier reproche al turismo como una aberración. ¿Como se atreven a oponerse a él si genera riqueza y empleo?. ¿Quien es tan tonto como para no dejarle las manos libres para que revitalice ciudades, pueblos o economías olvidadas?.

La Irritación turística no es turismofobia

La percepción del turismo en la población local que lo acoge empeora con el tiempo. Esto es algo constatado y estudiado. Cuanto más aumenta el número de visitantes, mayor es el malestar de los residentes permanentes que tienen que convivir con ellos. A esto se le llama irritación turística y existe un índice que la mide en cuatro fases que van “in crescendo”. Al principio, se recibe al turismo con euforia por que trae riqueza y desarrollo. Pero si las cosas no se hacen bien, acaba masificándose y generando molestias y protestas.

La irritación turística es un fenómeno que acompaña al turismo de forma natural y que éste tiene que aprender a gestionar, o -más bien- a gestionarse para evitarla. Entonces, ¿Que es la turismofobia?.

La turismofobia es una manifestación extrema o patológica de la irritación turística. En especial, se usa esa palabra cuando se exterioriza de forma violenta o mediante amenazas. De momento se ha expresado sobre todo en pintadas intimidatorias para los turistas. También ha habido unos pocos casos de lanzamiento de objetos a hoteles durante protestas anti-gentrificación. Considerar turismofobia a todas las protestas de vecinos que piden que se gestione mejor el turismo en su ciudad es un error.

 #turismofobia de @tenanbaum

Turista tu eres el terrorista

Al revés que en otras industrias que exportan lo que fabrican, el turismo trae a los consumidores a su propia casa. Esto supone una convivencia obligatoria que puede disparar el odio en aquellos temperamentos que se inflaman con facilidad. La nostalgia por el barrio, el pueblo o la naturaleza perdidos, la contaminación de la propia cultura cuya pureza se quiere preservar o la tendencia a echarle la culpa de todo al forastero, son sentimientos que pueden prender con rapidez.

All tourists are bastards
A.T.A.B.

Todos los turistas son Bastardos, es una de las pintadas que han aparecido en el barrio de Gracia en Barcelona. Se trata de una variación de A.C.A.B. una abreviatura de grafiteros que se refiere a policías (coppers) en lugar de a turistas. Algo que normalmente pasaría desapercibido pero que ha aparecido en el País o en La Sexta. Y es que las manifestaciones de turismofobia como estas están causando un revuelo inesperado.

Sin embargo, se trata de una actitud minoritaria que los movimientos vecinales rechazan. En general todos esos movimientos representan el descontento del vecino que ya no reconoce su barrio o que no puede pagar el precio del alquiler. Son ellos los que organizan las manifestaciones de protesta donde se expresa la irritación turística. Pero rechazan la turismofobia, un comportamiento polémico que perjudica su imagen y desvía el debate. Insisten en que nadie está hablando de acabar con del turismo o de echar a los turistas a puntapiés, pero si de debatir con argumentos y cambiar el modelo actual.

El turismo y los movimientos sociales

El turismo ha entrado con fuerza en los movimientos sociales como un nuevo espacio de reivindicación. Algunos se han revitalizado gracias a él. En ciudades como Barcelona, Berlín, Lisboa, Nueva Orleans o Hong Kong, los residentes se están organizando y saliendo a la calle para denunciar la saturación turística. La sensación de estar al límite de la capacidad se está extendiendo por cada vez más destinos turísticos masificados.

Estos movimientos han puesto sobre la mesa algunas cuestiones del turismo contemporáneo que se solían pasar por alto. Por un lado, advierten de sus impactos negativos. Señalan la naturaleza compleja y conflictiva de una actividad que no se solía cuestionar. Por otro, tratan de encontrar modelos alternativos. Buscar nuevas formas de pensar las ciudades como espacios que han de ser vividos y queridos, tanto por los residentes permanentes como los transitorios.

Negacionismo de los efectos del turismo

Pero parece que el camino hacia una gobernanza local de la actividad turística no va a ser fácil. Constantemente estamos viendo ejemplos de una actitud muy reaccionaria en parte de un sector que se consideraba intocable. Lo mismo que hay quienes niegan el cambio climático, también hay negacionistas de los efectos del turismo. Hay muchas formas de serlo, unas más sutiles que otras.

A veces se niegan los efectos negativos del turismo sin contemplaciones desde dentro del sector. Airbnb discute abiertamente los datos que dicen que su negocio afecta al acceso a la vivienda asequible en muchas ciudades. También tienen afición por encargar y difundir estudios pagados donde la actividad turística solo tiene beneficios para la economía y la sociedad. En el mundo académico y la prensa no es difícil encontrar a quienes se alinean con los argumentos de los lobbies turísticos, aplificándolos y dándoles autoridad. Un ejemplo: mientras en Ibiza los médicos han empezado a tener que alquilar camas en los hospitales para alojarse ellos, este estudio de la universidad de Las Islas Baleares argumenta que el alquiler vacacional no tiene apenas impacto en la vivienda disponible. 

La amenaza fantasma del turismo

Pero hay otras formas de evitar que la industria turística responda por los impactos negativos de su actividad. Una de ellas es crear una especie de amenaza fantasma que se cierne sobre el turismo. Mejor que nadie lo critique o lo regule y dejarlo tal y como está. Solo unos insensatos se atreverían a meterse con él, porque no se sabe cuales podrían ser las consecuencias. Esta es la forma de negacionismo que le gusta especialmente al sector hotelero. 

Estos días estamos viendo una variante de ésto. Los que tienen intereses en que el negocio del turismo siga como hasta ahora, acusan a los que quieren regularlo de generar turismofobia. Invocando esa palabra contra ellos pretenden proteger a la sociedad de esa amenaza fantasma que esconde supuestamente el turismo. Barcelona es un ejemplo de como se está instrumentalizando la turismofobia con fines corporativos o políticos. 

Turismo responsable entre la turismofobia y el negacionismo

Turismofobia y negacionismo son dos mentalidades irresponsables con las que aproximarse al turismo. Entre estos dos extremos hay posiciones intermedias. Son ciudadanos de a pie, instituciones públicas y empresas privadas que han entendido que es necesario avanzar hacia la gestión responsable del turismo. 

  • Activismo social responsable.
  • Responsabilidad social corporativa de la industria turística.
  • Planificación responsable del turismo. 
  • Turismo sostenible.

Son enfoques del turismo pueden agruparse bajo la idea del turismo responsable que se basa en exigir y asumir responsabilidades. ¿Y Los que hacen pintadas contra los turistas y tiran huevos a los hoteles o la actitud reaccionaria de un sector intocable?. Turismofobia y negacionismo son dos extremos haciendo ruido al margen del debate constructivo. 

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