Uber ha perdido su licencia para operar en Londres dejando a 3’5 millones de usuarios desolados. Ya no pueden pedir por el móvil un coche particular a bajo coste para desplazarse por la ciudad. Y lo que es peor, 40.000 conductores se han quedado sin unos ingresos que probablemente eran vitales para ellos. Pero esto podría ser una buena oportunidad para mejorar el modelo de negocio de Uber y sustituirlo por otro que respete más a la ciudad. Lo que algunos proponen es crear una cooperativa local de conductores que desarrolle una plataforma digital similar a la de la corporación norteamericana.

Coches de Khan

Aprovechando el vacío que deja Uber ha surgido la campaña “coches de Khan”. El nombre es una forma de provocar al alcalde Sadiq Khan para que se pique con su antecesor. Se le incita a superar a las populares “biciclestas de Boris” (un sistema para compartir bicicletas que introdujo Boris Johnson para mejorar el transporte de Londres).

La iniciativa pretende que esos conductores que se quedaron sin empleo lo recuperen. Pero que lo hagan en mejores condiciones y con una situación menos precaria. De esta forma, los usuarios tampoco se quedarán sin un servicio que les resulta muy util. Es especialmente necesario en zonas de la ciudad a donde apenas llegan los típicos taxis negros que son caros.

La idea es que se cree una cooperativa sin ánimo de lucro que desarrolle una plataforma digital. Conductores y usuarios serían los dueños de la cooperativa. La propiedad se repartiría en función de la participación en la actividad. Cuanto más involucrado esté un conductor o un usuario, más participaciones recibe.

La inversión inicial que se necesita no es una barrera en realidad. La tecnología para desarrollar una plataforma así no es tan cara como pueda parecer. Hace unos meses varios desarrolladores publicaban presupuestos para clonar Uber por 150 mil dólares. La organización que promueve la iniciativa de Londres piensa que podría ser todavía más barato. La NEF (Fundación para la Nueva Economía) tiene una oferta de 50 mil dólares de programadores indios.

Es probable que el resultado no sea tan robusto como la aplicación de Uber. Pero tampoco hace falta. Se trata de ofrecer un servicio local. No se quiere montar una especie de cartel mundial de taxis entre particulares. Es esto lo que  exige tener una estructura de gran tamaño y mucho dinero para relaciones públicas y lobbying.

Uber, ¿modelo superado?

En su día comentábamos acerca del ambiente tóxico que existe dentro de corporaciones como Uber. En muchas startups el culto a la personalidad de un joven fundador acaba creando una cultura de “bros” de residencia de estudiantes que se contagia por todo. Si el leader es un misógino sin empatía, también acaba siéndolo su proyecto empresarial. Es lo que ha estado pasando con Uber. Su fundador y gerente ha sido apartado recientemente de la dirección después de salir a la luz casos de sexismo y otros comportamientos abusivos.

También hemos hablado de como en la economía de plataforma el trabajo es cada vez más precario. A este fenómeno se le llama precisamente uberización del trabajo. Las plataformas digitales controlan las condiciones laborales con la mediación de un algoritmo que decide, entre otras cosas, el salario que se cobra. Sin embargo consideran a los usuarios falsos autónomos a quienes les corresponden todos los riesgos y ningún derecho.

Cada vez se duda mas de que el modelo de negocio de Uber sea rentable de verdad. Es un sector de la economía formado por pequeños autónomos que apenas pueden pagar comisiones por su servicio. Hasta ahora gran parte de su éxito se ha debido al hecho de estar beneficiada por “subenciones” que provienen del capital riesgo. Gracias a eso han podido combatir la resistencia de un sector fuertemente regulado en todas partes. Pero este no es un buen panorama si pensamos a largo plazo.

Su estrategia hasta hoy ha sido crecer a toda costa. Lo ha hecho amparándose en las zonas grises de la legalidad y aprovechado la fascinación por la novedad. Pero a su paso ha provocado todo tipo de problemas desde laborales a asuntos de seguridad que podrían pasarle factura.

La alternativa cooperativa

Pero poco a poco van saliendo casos que demuestran que las ciudades no tienen que aceptar las condiciones que imponen los gigantes de Silicon Valley. Existen alternativas que pueden llegar a funcionar tan bien como ellos. Además, pueden hacerlo de una forma más casera y justa.

La gente va a continuar utilizando las plataformas de Internet para contratar todo tipo de servicios físicos o digitales. Desgraciadamente se ha extendido una versión de la economía colaborativa con muchos costes sociales. Pero gran parte de ellos se pueden evitar. Para ello se necesita una nueva generación de plataformas que estén en mejores manos. El cooperativismo de plataforma o el modelo cooperativo en general es una forma de intentarlo.

El ejemplo de RideAustin

Londres no es la primera ciudad a la que se le ha ocurrido la idea de sustituir a Uber y Lyft por una organización local sin ánimo de lucro. En Texas, RideAustin lleva año y medio funcionando con éxito.

En este artículo de Fastcompany se cuenta la historia:
El regulador de Austin obligó a empresas como Uber y Lyft a entregar datos y registrar la huella de sus conductores. Como estos requisitos dañaban su modelo de negocio, se gastaron 8 millones de dólares para someter la normativa a un referendum que perdieron. Entonces abandonaron la ciudad dejando un espacio que RideAusin supo aprovechar.

El modelo de RideAustin es el opuesto a Uber o Lyft. Se trata de un negocio local sin ánimo de lucro. No cobra comisiones del 25% a los conductores como ellos. En su lugar, tiene una tarifa fija de 2$ para cubrir los costes operativos. Ha donado 270 mil dólares a proyectos solidarios locales y da trayectos al médico gratis a los usuarios necesitados. Cumple todas las regulaciones locales y publica todos los datos de sus operaciones (mientas que Uber y Lyft se los guardan, a excepción unos pocos que han accedido a publicar para ayudar a los planificadores urbanos).

RideAustin consiguió llegar pronto a los 2,25 milones de trayectos pero sus números han bajado recientemente cuando Uber y Lyft volvieron a la ciudad con descuentos de hasta el 50%. Ya hemos visto que se los pueden permitir gracias a los inversores que les han dado grandes sumas para que dominen el mercado mundial.

RideAustin ha comprobado como hay un público muy sensible al precio, pero otro que se mantiene fiel a una empresa comprometida con objetivos locales.

Ideas para repartidores precarios

En España son los repartidores precarios de Deliveroo quienes han salido a protestar. Ellos son los primeros que se han organizado para pedir mejoras en las condiciones de los trabajadores de plataformas digitales. Los de Barcelona, Madrid y Valencia se unieron a una huelga europea que empezó en el Reino Unido. Están liderando un movimiento incipiente que se opone al capitalismo de plataforma o capitalismo gestionado por algoritmos.

Quizás resulte que la idea de montar multinacionales para todo tipo de pequeños servicios no sea tan buena como pensaban algunos emprendedores. Es posible que centrarse en ámbitos geográficos más reducidos tenga mucho sentido.

Formar cooperativas es una alternativa para esos usuarios descontentos. Una vía distinta a la de pedir mejoras laborales a empresas que posiblemente aceptan la precariedad como parte de su modelo de negocio.

Una vez creada la cooperativa habría que conseguir una licencia para la tecnología necesaria y operar a nivel municipal o comarcal. Varias de estas cooperativas podrían asociarse en una red para abaratar los costes tecnológicos. En Londres y otras zonas de Inglaterra, ya se lo están planteando.

Imagen de Micsworld en  Flickr Creative Commons