Con la financierización, las preferencias, motivos o prácticas de los mercados financieros se infiltran y se imponen sobre las economías nacionales o los otros sectores. ¿Se está avanzando hacia la financierización del turismo con Airbnb?

Sin prisas por cobrar

«No tenemos intención de pagar dividendos en el futuro previsible». «En consecuencia, los inversores deben confiar en las ventas de sus acciones ordinarias de Clase A después de la subida del precio, que puede que nunca ocurra, como la única forma de obtener ganancias futuras de sus inversiones.»

Folleto de salida a bolsa de Airbnb

El folleto de salida a bolsa de Airbnb, donde la empresa hace un ejercicio transparencia obligatoria publicando su situación financiera y sus proyecciones, advierte bien claro a los posibles accionistas que no esperen dividendos en el futuro previsible. A lo largo de su historia, la compañía solo ha pagado de vuelta a sus inversores una vez y no muestra mucho interés en volver a hacerlo.

En otras palabras, Airbnb tiene previsto seguir «reinvirtiendo en crecimiento» lo que ingresa, como ha venido haciendo hasta ahora. En todo este tiempo, la tecnológica se ha estado financiando con facilidad en unos mercados siempre dispuestos a concederle crédito. Luego, no parece tener demasiada prisa por retribuir a esos inversores; ni siquiera se le ve especialmente preocupada por generar ganancias al final de cada ejercicio.

La senda del beneficio parecía a punto de alcanzarse en las cuentas de 2017 y 2018 que casi lo rozaron. Pero la tendencia se perdió en 2019 con un aumento preocupante en los costes. Esa máxima de supeditarlo todo por al crecimiento — «invest ahead of growth» en palabras del director operativo, Brian Chensky—, ha servido durante años para justificar la ausencia de beneficios y una forma de gastar que, como se explicó en otro artículo, ha recibido críticas frecuentes desde dentro y fuera de la empresa.

Sin voz ni voto

Además de descartar los dividendos, aquellos que compren acciones ordinarias de Clase A, las únicas a la venta en la oferta de diciembre, tendrán que renunciar también a influir en la toma de decisiones. En lo que respecta al voto, la compañía se apunta a una tendencia que iniciaron Google y Facebook: mantener el control del equipo fundador por medio de la emisión de acciones duales. Los tres socios originales de Airbnb se reservan el 43,8% de las acciones de Clase B, cada una con derecho a 20 votos contra uno solo de las ordinarias. Todavía está previsto que ese porcentaje aumente en las próximas semanas cuando los inversores que en su día concedieron los primeros créditos empiecen a canjear las acciones que recibieron entonces a cambio. 

Esto significa dar plenos poderes sin contrapesos a las mismas personas que vienen dirigiendo la compañía y tomando decisiones que hace solo unos meses despertaban críticas. Como se vio en el artículo enlazado, la pandemia había sorprendido a la empresa en un momento de debilidad y a su directiva cuestionada dentro y fuera. A finales de año, otras flaquezas del modelo Airbnb quedarían expuestas más o menos entre líneas en la documentación que se exige hacer pública al salir a bolsa: un margen de beneficios mucho menor que el de la competencia, baja rentabilidad operativa, problemas para atraer a los proveedores profesionales de alojamiento turístico que prefieren otras plataformas, dificultades en la expansión hotelera y el crecimiento, dudas de si se podrán mantener ventajas asociadas al elemento sorpresa de un recién llegado como el reconocimiento de marca excepcional y la menor dependencia del buscador Google…

Fiesta en los parqués

Vistas así, las acciones de Airbnb no parecían precisamente una ganga en el momento de salir a bolsa. Sin embargo, en los mercados, todas esas dudas sobre la gestión de su CEO o de los desempeños pasados y futuros de la empresa apenas se tuvieron en cuenta. El esperado rebote del primer día de cotización llegó por momentos a niveles de beatlemanía superando todas las expectativas. Tres días antes de acabar 2020, el precio de la acción de Airbnb duplicaba el de salida que ya se consideraba alto y suponía una capitalización de 90 mil millones, por encima del valor en bolsa del banco de inversiones Goldman Sachs.

¿Si no son dividendos ni voto, qué compran esos accionistas dispuestos a pagar 150 dólares por acción? La burbuja especulativa es la explicación rápida. La gran fiesta de los que se ponen la pandemia por montera no se estaría celebrando en naves industriales abandonadas, sino en parqués electrónicos, unas casas de apuestas donde se vive otra de sus buenas rachas, esta vez, en torno a los valores con opciones de sobrevivir en un mundo post-Covid. Con muchos de los comercios de la economía real cerrados, los esfuerzos de los bancos centrales para evitar que esta se congele estarían empujando al ahorro de los que ya no consumen hacia la renta variable e incentivando así el riesgo.

Financierización 

En lugar de poner el foco en la especulación, otra familia de explicaciones habla de «financierización», un fenómeno que tampoco resulta especialmente tranquilizador. Desde esta óptica, la exuberancia de los mercados es menos irracional de lo que a veces se piensa. Todos esos billones de las finanzas globales amontonándose sobre los valores del tecnológico no son solo una apuesta; sirven, además, para inclinar el tablero hacia un resultado determinado. De todas las formas de digitalización posible, se favorece así una muy particular, dominada por un pequeño grupo de empresas conectado a los fondos de inversión y la bolsa por lazos estrechos.

Este enfoque revela una colaboración de largo recorrido y hondo calado entre Wall Street y Silicon Valley. Entre las finanzas y las grandes tecnológicas se han establecido relaciones de dependencia viciada con afinidades, fricciones y un reparto de poder en marcha. Algunos de los fenómenos característicos del sector como la concentración en monopolios digitales y el rentismo serían en el fondo herramientas de financierización, trucos que se usan en ese casino para calzar la ruleta, por así decirlo. Los jugadores despliegan esas tácticas para librarse de la incertidumbre y asegurarse un resultado favorable que no necesariamente tiene que ser el mejor para el resto que no participa en el juego.

Humanos a la baja

Un proceso como este tiene muchas consecuencias más allá del Nasdaq y el Dow Jones. Con sus fondos, los inversores están apoyando una transformación radical de las estructuras del trabajo, la sociedad o la economía de acuerdo con sus prioridades. Prescindir del trabajo de las personas siempre ha sido una de ellas, por eso Uber, Tesla u otras que han prometido avanzar en la conducción autónoma son tan cotizadas. El inversor suele ver con buenos ojos a las empresas que consiguen reducir costes de producción, pero el fenómeno se ha acelerado en el año de la pandemia.

Los grandes éxitos de la pasada temporada en la bolsa compartían todos algo. La startup de entregas a domicilio Doordash, por ejemplo, se vincula al fenómeno de las cocinas fantasma. El interés de los inversores por ella responde a una apuesta permanente por perpetuar los cambios vividos en la hostelería durante la pandemia. Ese sector estaría ahora en condiciones de deshacerse de una categoría de trabajador cada día menos esencial: la figura del camarero. Al alza en lo financiero y en la digitalización imparable, un analista del WSJ decía a finales de diciembre que “resumiría 2020 como un mercado bajista para lo humano”.

Agentes de financierización

Con la financierización, las preferencias, motivos o prácticas de los mercados financieros o sus actores se infiltran y se imponen sobre las economías nacionales. Sectores y empresas que no pertenecen en principio al entorno de las finanzas operan en un mundo cada vez más dominado por ellas adoptando esas prácticas, motivos o preferencias.

Las grandes tecnológicas están resultando ser agentes de financierización de primer orden y Airbnb lo es en su sector. Hay pocas dudas acerca de que Airbnb sea un proyecto que se sustenta en esa lógica. Para empezar, se ha erigido sobre una montaña de casi 10 mil millones de crédito entre el dinero que ha sido capaz de levantar en diferentes rondas —6,4— y los fondos obtenidos de la salida a bolsa —3,5—. Y, sobre todo, comparte con el resto de esas grandes tecnológicas financierizadas una característica clave: para todas ellas alcanzar la posición dominante en el mercado respectivo es una necesidad. El modelo de las big tech gira en torno a crear, maximizar y monetizar una posición de monopolio o cercana a él. No se trata de una opción, sino de un imperativo.

Promesa de dominación

Eso es exactamente lo que han comprado los accionistas al abalanzarse sobre los valores de Airbnb en las pocas semanas que lleva cotizando: una promesa de dominación. Se espera que, gracias a ese impulso billonario, de ahí acabará surgiendo un día la nueva Alphabet —la matriz de Google— o la Amazon del turismo. La partida a la que está jugando Airbnb con los mercados financieros es al monopolio y ambos lo hacen en el mismo equipo. En este contexto, fenómenos como la economía de plataforma o la lógica del «solo puede quedar uno» son tácticas a poner en práctica sobre ese tablero de las que se hablará en otro artículo con más detenimiento.

Se supone que una vez que la corporación haya cruzado el periodo complicado de escalar y haya conquistado la posición dominante, los accionistas se verán recompensados. En el caso de Airbnb, es difícil de saber cómo y cuándo sucederá. Habitualmente, los accionistas y los empleados con stock options pueden votar en la junta a favor del reparto de beneficios, pero, como acabamos de ver, los fundadores se reservan el control con sus acciones VIP.

Dar prioridad al retorno al accionista —siempre pendiente por los resultados anuales por encima de los intereses de empleados, clientes o del medio ambiente— es un reproche clásico que se hace de la financierización. En el caso de los gigantes tecnológicos, no está claro que todos compartan ese rasgo. Entre ellos, cada vez está más de moda un modelo de gobernanza que excluye al inversor de las decisiones desde que Google lo introdujo en 2004. La asociación entre lo financiero y lo tecnológico no es 100% pacífica; también existen rivalidades. En otro artículo, se habla de que junto a la financierización del big tech quizás se esté produciendo una «siliconización» de las finanzas.

Hacia la financierización del turismo con Airbnb

Si el apoyo de los fondos y la bolsa a Tesla con su apuesta a favor del automóvil como medio principal de transporte tiene importantes consecuencias para la movilidad del futuro, ese mismo empuje cambiará la configuración del turismo gracias a proyectos como Airbnb. La compañía ha estado reforzando y poniendo a punto campañas como su oficina de turismo saludable —que, básicamente, etiqueta a todo el turismo como tóxico excepto el que practica Airbnb que sería el único sostenible— o su «caja de herramientas políticas» para las ciudades, un programa que las considera socias vis à vis que han de ponerse a la cola de los intereses de los clientes y proveedores de la multinacional.

En las oficinas de los directivos de la compañía, las preferencias del mundo de las finanzas respecto al turismo y el urbanismo se van traduciendo en departamentos, campañas de lobby y de prensa o planes de expansión comercial. Ese turismo más financierizado se parece a lo anterior en que también depende de la rotación elevada. Airbnb promociona estilos de vida de alta movilidad como los nómadas digitales que buscan alquileres de temporada o favorece el alojamiento turístico de corta duración contra la vivienda habitual permanente.

Al entrar en contacto con las necesidades de acceso a la vivienda en mercados como Barcelona, París, Nueva York o tantos otros, esta estrategia de dominación con energías recién recargadas en la bolsa es capaz de provocar un efecto de dumping turístico, habitacional o social que podría verse notablemente amplificado en los próximos meses y años en los que la recuperación del turismo a cualquier precio va a ser prioritaria.