Reflexión post-olímpica.

En plena resaca olímpica de 1993 Barcelona buscaba la forma de seguir aprovechando el impulso que habían supuesto los JJOO. Los implicados en el turismo local -tanto del ámbito privado como público-, reflexionaron juntos sobre el futuro de su sector y su papel en la ciudad. Acabaron acordando una colaboración estratégica a largo plazo. Las empresas, a través de la Cámara de Comercio y la fundación Barcelona Promoció, pondrían la mitad de los recursos. El Ayuntamiento aportaría la otra.

“En un acto de exquisita generosidad por parte del Ayuntamiento, el privado asumía la responsabilidad ejecutiva de la promoción.”.

Enric Truñó en el documento “Turisme de Barcelona Avui”.

Así es como se fundó el consorcio Turisme de Barcelona que a día de hoy sigue manteniendo su liderazgo e influencia. 

En los siguientes años, esta alianza de recursos mixtos con gestión privada centrada en la promoción demostró ser todo un éxito. Si sus objetivos eran aumentar el número de visitantes, de plazas de alojamiento y de productos o servicios turísticos a la venta, las cifras hablan por si solas. 

La evolución del turismo. 

Pero hace ya tiempo que entramos en una nueva fase del ciclo turístico. Cada vez fue haciéndose más evidente que el éxito cuantitativo no era suficiente. Saber gestionarlo evitando sus efectos negativos en la ciudad empezó a reverlarse como una prioridad. 
 
Esto no ha sido una ocurrencia del nuevo ayuntamiento de Barcelona. Es algo que también preocupó en legislaturas anteriores. Con el alcalde socialista Hereu, se publicó el Plan Estratégico de Turismo de la Ciudad de Barcelona 2010-2015. Fue la primera revisión a fondo de la situación del turismo local. Introdujo varias de las ideas clave que luego reaparecerán. En él se habla de buscar un mejor encaje del turismo en la ciudad y de la necesidad de gestionarlo -no solo promocionarlo-.

Durante la alcaldía de CIU con Trías hubo dos iniciativas de las que ya hablamos en su día. La primera audiencia monográfica sobre turismo fue un intento de canalizar el debate público que se estaba generando. También en ese mandato se organizaron tres sesiones de diálogo coral entre quienes viven del turismo o conviven con él. De ellas surgió un pacto local entre los implicados para desarrollar un turismo más responsable

Tomando el testigo.

Estas iniciativas son acontecimientos destacados en la hoja de ruta de la renovación turística iniciada en Barcelona hace 10 años. En esta legislatura hay dos más que incorporar. Por un lado se aprobó el plan para regular de forma unitaria todo el alojamiento turístico (PEUAT). Su novedad es que tanto los hoteles como los apartamentos forman parte de él.

Por otro está el Plan Estratégico Turismo 2020 del equipo del geógrafo Albert Arias. Un documento donde se reconoce el valor del proceso de revisión del turismo iniciado por los ayuntamientos anteriores; donde también se asumen los compromisos adquiridos en las certificaciones y declaraciones de turismo responsable que se han firmado; y donde además se hace un diagnóstico de la situación, los retos y las tendencias futuras.

Recogiendo el testigo de todos los trabajos previos, este nuevo plan aspira a poner las bases para que acaben materializándose en políticas concretas. 

Mirada transversal. 

Estos planteamientos turísticos tampoco son exclusivos de Barcelona. Al contrario, nos encontramos probablemente ante un cambio de mentalidad de alcance global. Hay un goteo incesante de información que así lo indica.

Cada vez vamos conociendo más lugares donde los verdaderos efectos del turismo empiezan a cuestionarse. Primero fueron los residentes y ahora son los mercados emisores los que hacen sonar las alarmas. Parece que la paciencia con las situaciones de saturación turística de vecinos y turistas ha empezado a agotarse. 

El turismo ya no puede considerarse solo como una actividad económica más. Ahora se nos manifiesta como una realidad compleja que se relaciona de muchas maneras con otros ámbitos de la ciudad. Aspectos sociales, culturales, de acceso a la vivienda o de movilidad se ven afectados por él, que está embebido de forma transversal en el entramado urbano. 

Hacia una nueva gobernanza turística. 

 Ante esta situación se necesita encontrar otra forma de gobernanza turística. Una que admita la participación de administraciones públicas, sectores económicos diversos, ciudadanía y turistas. Al ayuntamiento le corresponde un papel central en la coordinación. Necesita recuperar parte de la iniciativa y el protagonismo que le cedió al sector privado.  
 
Un nuevo mapa de la gobernanza turística ya empezó a dibujarse antes de la llegada del actual ayuntamiento. El plan estratégico del 2010-2015 introdujo dos nuevos órganos en el gobierno municipal: la Dirección de Turismo y la Mesa de Turismo y Ciudad. Siguiendo las recomendaciones del pacto local que hemos mencionado, en esta legislatura se ha creado el Consejo de Gobierno y Ciudad.
 
Es en este contexto donde empiezan a surgir preguntas sobre el papel del consorcio hoy en día. ¿Que pasa con Turisme de Barcelona?. ¿Está a la altura de los tiempos?. Hay una sensación compartida de que le cuesta mucho adaptarse a la nueva realidad. Hasta ahora se ha dedicado a ignorar las llamadas de los planes estratégicos a desarrollar un nuevo modelo turístico bajo liderazgo municipal. 

El presupuesto de Turisme de Barcelona.

El tiempo de la generosidad post-olímpica hace años que pasó. Turisme de Barcelona ya no se está financiando mayoritariamente con aportaciones. Sigue recibiendo dinero público del ayuntamiento y de la diputación, -sobre todo de lo recaudado con la tasa turística-. Pero ha dejado de ingresar lo que tradicionalmente le correspondía aportar al sector privado. En los últimos ejercicios la Cámara de Comercio no ha podido poner su parte. 

El grueso de los ingresos del consorcio provienen de su actividad prestando servicios y comercializando productos:

  • Recibe el 20% de los beneficios del Bus Turistic.
  • Ingresa cuotas por servicios prestados a más de 1000 empresas asociadas a programas como Barcelona Convention Bureau, Barcelona Food & Wine …
  • Comercializa en sus oficinas, webs o call-center productos turísticos propios (Barcelona Card) o de terceros (museos, rutas …). 
Ingresos de Turisme de Barcelona para 2018

INGRESOS DE TURISME DE BARCELONA PARA 2018

Sus ingresos se destinan en parte a acoger al turista en una veintena de oficinas de información distribuidas en la ciudad. Pero sobre todo a lo que se dedican es a acciones de marketing y promoción turística de Barcelona. 

Otra partida importante de gastos está destinada a pagar una deuda de 25M por haber avalado la operación fallida de la aerolínea Spanair.

El modelo público-privado a discusión.

No todo el mundo comparte el entusiasmo por la eficiencia de este modelo público-privado. Varias organizaciones vecinales señalan los conflictos de intereses detrás de un planteamiento así.  El consorcio lo forman empresas privadas que siempre van a priorizar el interés de la industria turística. A nadie se le escapa lo chocante que resulta que los principales representantes del lobby hotelero sean los que están al frente de la promoción turística municipal. 

La FAVB piensa que la promoción turística debería de estar en manos del ayuntamiento y hacerse con dinero público. La ABTS va todavía más lejos. Para ellos dedicar fondos públicos a publicitar un destino masificado es una anomalía. Defienden que se desmantele el consorcio y se detenga el marketing. En su lugar existiría una agencia pública dedicada a la gestión y la contención del turismo.

Marca controlada.

El camino que ha elegido el Ayuntamiento de Barcelona en Comú es otro. Argumentan que liquidando la asociación con el sector turístico no acabarían con la promoción, la pondrían en manos del mercado. Entonces poco se podría hacer si la imagen proyectada no coincide con el modelo que el ayuntamiento persigue. En verano por ejemplo, se consiguió que Turisme de Barcelona dejase de comercializar una ruta de lo que se denomina “turismo de la pobreza”. Algo así no sería tan fácil sin tener un acuerdo de colaboración. 

Según esta lógica, un parternariado público/privado con un consorcio renovado sería la única forma de que la marca Barcelona no acabe en manos privadas. Algo que parece conveniente evitar si recordamos unas palabras de su presidente, que en 2013 ya sonaban fuera de lugar.  En una entrevista fomentaba un turismo de Rolls Royce y de chancleta. Afirmaba orgullosamente que Turisme de Barcelona “ha vendido la ciudad en su totalidad, desde los negocios a la cultura”.  

El ayuntamiento piensa que por ahora el marketing turístico es necesario. Incluso espera poder convertirlo en una herramienta de gestión del turismo. Para ello no hay más remedio que pagar aportaciones, pero a cambio Turisme de Barcelona debería de superar su inmovilismo. El nuevo plan estratégico le dedica un capítulo dentro del apartado de la Gobernanza. Anuncia medidas para adaptar su composición, su estructura y su funcionamiento alineándolo con las políticas turísticas municipales. 

En otras intervenciones se ha expresado la necesidad de re-negociar la financiación y de equilibrar las aportaciones de cada parte. También se ha hablado de la conveniencia de aumentar la representatividad del Ayuntamiento en los órganos de gobierno. 

Gestión Old School.

Acontecimientos recientes han puesto más que nunca el foco sobre el consorcio. Parece que no es solo cuestión de que se ponga las pilas, conviene también airear las alfombras. Las quejas de las asociaciones de vecinos en el Consejo de Turismo y Ciudad sobre su funcionamiento opaco le obligaron a publicar las cuentas en la web. Entonces descubrimos que el sueldo de su director general era superior al de la Alcaldesa. Pero aún nos faltaba información. No había datos por ejemplo, de los proyectos concretos en que se gasta el presupuesto. 

Una auditoria interna solicitada por el gobierno municipal a iniciativa de la CUP ha destapado un estilo de gestión muy de la vieja escuela. Dimitió el director general que aparentemente llevaba tiempo pensando en dedicarse full time a lo suyo. Lo hizo justo cuando se descubrió que había pagado con la tarjeta de Turisme de Barcelona gastos con factura pero sin justificar. Las oficinas en  el Passatge de la Concepció son propiedad del Vicepresidente. El consorcio permite que prácticamente se las alquile a si mismo sin que sepamos por que cantidad del medio millón presupuestado para alquileres. Se está descubriendo que ha habido proyectos adjudicados a dedo y lo que quede por salir.

Ahora que la imagen de la institución se deteriora por ese goteo de casos, sería un buen momento para pensar en ir haciendo reformas. Pero va a ser difícil con un ayuntamiento en minoría bloqueado. Que pena que el juego de partidos nos prive de oportunidades como esta. 

Imagen: Ramblas Cowboy Wellcomes 2010. Fickr Creative Commons by Carlos Lorenzo